|
El pasado 13 de noviembre, el petrolero con bandera de conveniencia Prestige sufre
una avería a 28 millas del Cabo Finisterre, en aguas territoriales españolas, dando lugar
a que el mismo navegue a la deriva.
El 14 de noviembre los servicios de rescate y su propia propulsión lo sitúan a 61
millas de la costa, vertiendo incontrolada e ilegalmente al mar en esta operación unas 3.000
toneladas de fuel, producto éste altamente contaminante.
El 15 de noviembre la vibración de los motores produce una brecha en el casco del
buque que obliga a parar la operación de remolque.
Por esta causa se acelera el vertido de fuel a las aguas españolas.
Como consecuencia de la brecha mencionada y por la errática ruta del buque remolcado el
19 de noviembre, el Prestige se parte en dos y se hunde a unas 135 millas al suroeste de Finisterre,
vertiendo al mar una inmensa cantidad
de fuel que origina una "marea negra" que afecta con mayor o menor intensidad según las zonas a
toda la costa gallega.
Más de quinientos kilómetros del litoral gallego empieza a verse afectado por el vertido
ilegal, afectando entre otras localidades a Camariñas, Corme, Laxe, Malpica, Roncudo, Cabo
Touriñán, Puerto de Sorrizo, playa de Barrañán, extendiéndose la mancha a Portugal,
Asturias, Cantabria, Euzkadi y pueden llegar hasta Francia.
Estos son escuetamente los hechos, pero cómo se llega a esta situación.
En primer lugar porque las normas internacionales sobre transporte marítimo no se
cumplen ni los estados por cuyas aguas juridiscionales pasan estos barcos hacen cumplir
las normas existentes.
España es el país de la comunidad europea con mayor número de
kilómetros de costa y mayor número de personas dependiendo de la pesca.
El gobierno español no ha hecho, en el pasado, las gestiones necesarias para fortalecer
la normativa europea,
al tiempo que ha sido muy permisivo con los barcos que incumplen las normativas en vigor.
En el momento en que se produce la catástrofe el gobierno español quita importancia
al hecho y miente descaradamente sobre la gravedad de la crisis.
Al tiempo que no gestiona la crisis en el momento de producirse el accidente, dando lugar
una total descoordinación en las labores de prevención de la llegada del fuel a
las costas, así como que no es capaz de organizar a los voluntarios que se ofrecen para
evitar males mayores.
De igual manera no pide o retrasa la ayuda ofrecida por otros países europeos conscientes
de la magnitud de la tragedia.
Situaciones como estas se han producido en el pasado y seguirán produciéndose
mientras el motor de los países sea el petróleo, el uso del cual produce impactos
sufientemente contrastados tanto en el efecto invernadero como en el cambio climático.
Las grandes empresas petrolíferas y los armadores, buscan los máximos beneficios
en el menor plazo posible utilizando buques obsoletos, banderas de conveniencia e incumpliendo
las normativas vigentes.
Si Chernobil dió un aviso al mundo del peligro real de las centrales nucleares, el accidente
del Prestige y otros casos anteriores están dando el aviso de la peligrosidad del petróleo
sobre el hombre, los animales y la naturaleza.
Ambos ejemplos ponen de manifiesto que es necesario
desarrollar energías alternativas menos agresivas y menos peligrosas.
Del 6 al 8 de diciembre del 2002, unos 10.000 voluntarios de toda España y de algunos países
europeos han llegado a Galicia para ayudar en la limpieza del fuel que inunda las costas, los ciudadanos
son más sensibles que el gobierno español.
El Prestige se encuentra hundido a 3.600 metros de profundidad y sigue soltando su dañina
carga, aún quedan 50.000 toneladas de fuel en sus depósitos.
|