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Helmut Newton
Nihilismo y corporeidad. Newton y el antidestino. Por Vanessa Prado
Helmut Newton está considerado como uno de los fotógrafos más importantes
del siglo XX, y uno de los artistas más influyentes en la tradición
fotográfica del desnudo.
Retratos de personajes del mundo del cine, la moda, la política o el arte,
y su gran gama de desnudos en blanco y negro, le convierten en una figura
indispensable en la fotografía actual.
Pero lo que yo quiero mostrar en este artículo es que Newton trascendió
las imágenes con una profunda vocación filosófica que entronca con las
corrientes de pensamiento de su época.
Habitualmente se dice que Newton aportó una nueva manera de concebir a
la mujer, sobre todo a la mujer desnuda, porque a Newton le interesaba
el cuerpo, renovar el concepto de cuerpo, y más allá, el concepto de
"feminidad", pero sus aportaciones superan el marco de lo estrictamente
fotográfico y en ellas subyace una línea de investigación cercana a
filósofos del siglo XX como Nietzsche, Foucault, o Bataille.
Si Kant ya había elevado la experiencia estética proveniente de lo
sensible a una altura nueva, si Kant ya había "liberado" al arte de su
yugo respecto de lo corporal-sensible considerándolo un elemento dotado
de la suficiente integridad como para pertenecer al reino de la
especulación filosófica, con todo ello había hecho de la estética un
campo autónomo, y de la obra de arte un objeto digno de la más noble
consideración.
Eso es la herencia que los filósofos ulteriores habrían de heredar, y,
pese a las múltiples vueltas de tuerca que harían esos autores, pese
a los grandes giros que darían a la cuestión de experiencia estética y
de obra de arte, aún mantendrían esa "altitud", ese halo de sublime que
habría de conservarse hasta nuestros días.
Y ese es el gran logro de Nietzsche, que reformularía de un extremo al
otro la "teoría del fenómeno".
La apariencia no es lo opuesto de la verdad, sino su expresión.
Lo que se nos manifiesta, lo que aparece, es la verdadera expresión
metafísica de lo corpóreo.
El mundo es totalmente ajeno a nuestras exigencias morales (y en esto
Nietzsche supera a Kant en su crítica práctica): está siempre más allá
del bien y del mal.

Helmut Newton
El arte no quiere imponer sus constricciones, no quiere "saber", en
el sentido fuerte de la palabra; está por encima de ello.
El arte es el terreno en el que las cosas pueden ser realmente, y ahí
se inscribe dentro de lo dionisíaco y en la tradición homérica a
la que pertenecía.
El arte deja de copiar el mundo para convertirse en su referente, es
su auténtica dimensión metafísica.
Nietzsche se ha distanciado de la tradición secular de lo apolíneo el
dominio de la forma, del equilibrio, de la claridad para el entendimiento
y la razón que sus predecesores habían labrado.
Nietzsche se desmarca de esa tradición con un aire nuevo y, a la vez,
visionario de las tendencias artísticas que habrían de dominar el arte
en los años que de sucederían.
El texto nietzscheano El Nacimiento de la tragedia se dedica en su
plenitud a ahondar en esa idea de diferenciación entre lo apolíneo,
la tendencia figurativa tradicional en equilibrio y belleza académicas,
y lo dionisíaco, que es justo su opuesto, la tendencia hacia lo feo,
lo horrible, a la muerte, el caos y la destrucción que conservan aún
lo biológicamente humano pero a la vez el punto final de su perdurabilidad
en la existencia, la angustia antes el infinito.
Lo primitivo del arte es la fuerza que tiene para arrastrarnos hacia el
caos, y si el arte siempre será esencialmente primitivo.
Para ello tenemos al mismísimo Goya, que en sus pinturas negras ya
trataba esta idea de lo horripilante, lo angustioso de la muerte
(no hay más que citar a Saturno devorando a sus hijos, obra que,
no por casualidad, se entronca de nuevo con la tradición griega
de lo dionisíaco, así como su magnífica obra El perro, en su
incomprensibilidad, como un manifiesto de supervivencia frente al
devenir, temas paralelos al Nietzsche), o diversos autores posteriores
modernos y contemporáneos como Cezanne, Matisse o el mismo Picasso.
Como posteriormente diría André Malraux en su obra La voz del silencio,
el arte es realmente el antidestino, ya que nos priva de todas aquellas
seguridades equilibrísticas de la tradición para llevarnos a unos
terrenos de inseguridades, de ausencia radical de orden, fuera siempre
de la firmeza de lo "entendible" y calculado, frente a lo "sensible" y
caótico.

Helmut Newton
El arte no es ya un sustituto de la religión, ni mucho menos un entramado
de experiencias sujetas a categorías dadas: el arte es el terreno en el
que el hombre sucumbe.
La poesía es un sacrificio en el que las palabras son las víctimas,
escribiría George Bataille.
Al arte no está bajo la tiranía de los conceptos, de las categorías kantianas,
de la ilusión de la seguridad de los términos, sino que toma una dimensión
nueva (el texto nietzscheano realmente aclarador en este punto es Sobre Verdad
y mentira en sentido extramoral).
Y es ahí en donde se ensarta la obra de Helmut Newton, porque este autor,
curiosamente también alemán, consigue combinar los dos elementos que Nietzsche
consideraba enfrentados para crear imágenes que, igualmente, hablan de devenir
y de caos, pero con un tratamiento nuevo de lo apolíneo.
Si algo hay evidente en los desnudos de Newton (especialmente en la serie
Big Nudes) es que los cuerpos de sus modelos son clásicamente "perfectos";
son equilibrados, y compositivamente armónicos, pero contienen un elemento de
caos y de angustia (característico de la propia modernidad y del momento
histórico en el que se encuentra), que es la pura irrealidad de sus propias
modelos.
Sus desnudos aportan estabilidad, fijeza, parece que resisten al paso del tiempo
en su "pureza" en su perfección, la perfección soñada por los artistas
"platónicos", o al menos por las artistas dentro de una tradición "apolínea",
pero justamente por eso, por la supuesta perfección de sus desnudos, nos aporta su
punto más importante, su irrealidad.
Los desnudos de Newton están completamente fuera de lo "real", son puramente
irreales.
En la Grecia, el arte no refleja nada real, nada que tenga ver con lo propiamente
humano: es lo divino, igual que ocurriría con el mundo Cristiano.
La fotografía de Helmut Newton está completamente de lleno en esa dinámica:
ya no es comprensible para los ojos de los "mortales", es algo que escapa a la
comprensión de espectador.
El arte nuevamente no requiere explicación alguna, está ligado con lo irreal.
La fotografía de Newton ha repasado toda la tradición filosófica de la edad
moderna para volver sobre sus propios pasos y así retomar las cuestiones más
"primitivas" de la experiencia estética, esto es, recordarnos lo mutable de
la corporeidad, lo finito de la existencia, la perfección del desnudo.
¿Dónde acaba lo real y donde empieza lo artificial? Empieza en el momento justo
en el que Newton realiza su trabajo.
El desnudo ya no es inocente, ni es la clásica expresión de la belleza.
Existe una tremenda tensión sexual muy lejos de la serenidad habitual, sus
desnudos expresan peligro, presión, rigidez.
Es el nihilismo lo que está patente en su obra, el nihilismo retomado desde
Nietzsche y llevado a terrenos donde nunca antes había sido llevado.
La preocupación por el cuerpo es un fenómeno de esta época.
Newton, como hacen los filósofos arriba citados, da una vuelta de tuerca más
al concepto de corporeidad humana, porque a Newton lo que realmente le interesaba
era el sujeto, por eso Newton realizó sus series de maniquíes.
Las fotografías de maniquíes tratan la idea del vacío de sujeto, de la inexistencia
de sujeto bajo el cuerpo, de la mera superficialidad de los cuerpos vacíos y fríos.
Su auténtica preocupación era el sujeto, y utilizó estratégicamente su posición
de fotógrafo de moda para realizar un autentico ejercicio de reflexión, un ejercicio
de reflexión que lleva desde Platón hasta Nietzsche retomando las cuestiones más
importantes en estética.
Newton toma lo "apolíneo" para llevarlo al terreno de lo dionisíaco, nietzscheanamente
entendido.
Helmut Newton, un fotógrafo de su época por y para la historia.
Texto: Vanessa Prado

Helmut Newton
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