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Cuando encontré este libro, o mejor dicho, cuando me encontró él a mí,
me llamó poderosamente la atención la imagen de la portada.
Algo misteriosa, y que no podía imaginar que fuera de los años 30.
Me parecía tan moderna.
Y además era de Walker Evans, uno de mis favoritos.
No vamos a insistir en la grandeza de Evans como fotógrafo.
Ni en su mirada sencilla.
Ni en su lenguaje escueto.
Ni en su pausado quehacer.
Ni en tantas otras cosas (ver elangelcaido 4).
Vamos a disfrutar con un libro primorosamente editado.
Con mimo.
Con una cuidada selección de exquisiteces, que abarcan desde las imágenes más
familiares de sus amigos, hechas entre 1935-1936, hasta sus trabajos en Cuba,
Nueva Inglaterra, ... pasando por las de las residencias victorianas,
el metro, la calle ...
Todas ellas forman parte de la colección privada más grande sobre Evans,
y de algunas imágenes inéditas, que sorprenden a veces.
Sin dejar su carácter marcadamente documentalista y cuando creíamos haberlo
visto todo, estas imágenes que podrían configurar un diario, nos presentan
junto al Evans llano y directo, de miradas graves y sabor amargo, ciertas
pinceladas de un Evans mas íntimo, casi tierno (a ratos), lleno de frescura,
... pero siempre Evans.
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