Déjate fluir ... - Laetitia Taurand

La fotografia, entre otras cosas, permite compartir experiencias, puntos de vista, sentimientos, ideas ...

Escribir aquí un artículo para acompañar unas fotografías, también es compartir algo con vosotros.

Y lo que quiero compartir es un poco especial.
Es como un regalo.
Lo que os propongo se puede hacer viendo fotos o en otros momentos cotidianos.

Para empezar vamos a aprender a sentarnos bien ...
Luego nos ocuparemos de la lengua, y para acabar, de los ojos ...

Se trata de hacer algo que pocas veces hacemos, y que deberíamos hacer más por todos los beneficios que tiene.
Son pequeños ejercicios de relajación de algunas partes de nuestro cuerpo que repercuten en el resto.
Para ello necesitarás el mismo tiempo que tardas en leer esta pagina.

Primero: hay que sentarse bien y estar muy cómodo, pero no como lo estamos en un sofá.
Sentarse bien es repartir equilibradamente el peso del cuerpo sobre el asiento.
Las piernas deben formar un ángulo de 90 grados, los brazos ligeramente doblados, las palmas de las manos puestas sobre los muslos.
La garganta y el tórax relajados y preparados para una respiración profunda.

Si ya nos sentimos cómodos, imaginemos un hilo que parte de la base de la columna vertebral, recorriéndola hasta encima de la cabeza.
Es como si nos estirara el cuerpo hacia arriba, de manera que estemos bien rectos.
Los hombros, que caigan hacia abajo, relajados.

Inspiramos durante 4 segundos, hasta llenar los pulmones y retenemos el aire durante 4 segundos.
Expiramos durante 4 segundos hasta vaciar los pulmones y nos mantenemos otros 4 segundos sin aire.

Seguimos asi algunos minutos y volvemos a una respiracion normal.

Este ejercicio se llama Pranayama, y tiene la ventaja de ser a la vez tónico y tranquilizante.
Además, no tiene ningún riesgo de sobreoxigenación.

Segundo: en el siguiente ejercicio trataremos relajar la lengua, que tiene 17 músculos muy activos.
Ellos también tienen derecho al descanso, ¿no?.
Para eso, hay que imaginar el volumen de nuestra cavidad bucal, soltar la mandíibula hacia abajo, de manera que los dientes apenas se puedan tocar.

Exploramos con la lengua detrás de los incisivos, tomando conciencia del volumen de la lengua, hasta la base, en el fondo.
Relajamos la lengua, y sentimos su calor y su peso.
Puede que tengamos ganas de moverla, pero procuraremos dejarla quieta.
Cuando percibimos que poco a poco la saliva invade la boca, es síntoma de relajación de la lengua.

Tercero: lo que vamos a hacer ahora se llama "palming", por que en este ejercicio las palmas de las manos son una herramienta primordial.
Las ponemos como si estuviésemos bebiendo el agua de una fuente.
Es decir apenas dobladas, los dedos bien pegados para que no se pierda ninguna gota de agua.
Al poner las palmas sobre los ojos resultan como protegidos dentro de esta cámara negra y calentita.
Es posible que tengamos que probar unas veces antes de encontrar la posición ideal.
Para conseguirlo hay tres condiciones:
- Los codos han de asegurar una estabilidad buena, un equilibrio perfecto. El palming tiene que ser practicado sentado y apoyando los brazos en una mesa.
- Las palmas de las manos forman una concha, dentro de la cual ningún rayo de luz puede pasar, y donde los ojos pueden abrirse o cerrarse libremente.
- La respiración por la nariz queda libre y fácil, las manos no deben ser un obstáculo.

El primer resultado del palming es una relajacióon muscular de los ojos.
Muy raramente tienen esa oportuninad, están siempre solicitados.
Incluso cuando dormimos, permanecen alerta, siguiendo las imágenes de nuestros sueños.
Para que descansen realmente, habría que dejar de pensar ...
Pero es imposible, y esa relajación permite por lo menos regalar a nuestros ojos un momento de calma, agradable.

Esos tres ejercicios, muy sencillos, pueden ser practicados unos minutos al día, hasta una hora, cuando conducimos, cuando leemos, cuando vemos unas imágenes...

Os propongo ver las imagenes siguientes, practicando lo que acabo de explicaros.
No tendréis nada que hacer, solo respirar conscientemente, la lengua suelta.
Luego podreis hacer el ejercicio de los ojos.
Espero que sea un momento de calma para el cuerpo, la mente y el alma ...



Las imágenes son unas cuantas fotografías de Nina Subin, publicadas en el libro "Rastros kármicos", edición Artes de México, colección "Libros de la espiral", año 2000.

Los ejercicios me han sido enseñados por Valentine Carlier, Prem Das Babaji, Vincent Bertoux y Henri Brunel.


Laetitia Taurand - abril 2004