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Las cajas se mueven. Tap-tap, tap-tap, ... no paran de moverse,
golpeando contra los costados del remolque.
Intentan despegar los cerramientos metálicos y se deslizan unas
sobre otras por encima del ruido de los limpiaparabrisas.
Un cambio de rasante, los faros iluminan la calzada mojada.
La arboleda de coníferas se repite, invariable, desde la salida
de la CA 120. Altísimos muros de vegetación salvaje, cientos
de años de madera envejecida, los contornos se difuminan ante
la densidad de las ramas y las rachas de la tormenta.
De improviso las "luces" caen en vertical y alumbran la carretera.
Azules, verdes, violetas; pasan cerca, en un suspiro.
Así eliminaron a las dos patrullas que me acompañaban.
Primero a la que iba detrás, segundos después a la otra.
Simplemente se posaron sobre los capós y los vehículos
policiales salieron despedidos hacia el arcén, convertidos
en un amasijo de hierros y fuego.
Tap-tap, tap-tap, tap-tap, se están impacientando; entrechocan
entre sí, cada vez más inquietas ...
Las luces están ahí arriba, a unas decenas de metros por encima
del camión ... Su presencia es angustiosa.
Vienen en busca de lo que llevo en la parte trasera, dentro
de las cajas, por mucho que se haya intentado mantener oculto,
camuflándolo con otros recipientes de similar aspecto.
Carey dijo que no le gustaba nada tanto secreto antes de cerrar
el portón de su tráiler y encaminarse por la interestatal
hacia el oeste.
¿Cómo fue aquello que se le escapó involuntariamente a uno
de los científicos? E.B... E.B.E. ¡Eso era! E.B.E. o algo parecido.
No sé lo que significan esas siglas, pero la evidencia de que
semejante destrucción en aquel lugar a desmano de Dios sólo
lo pudo producir un accidente aéreo es tan manifiesta.
Claro que sí: algo cayó en el desierto y ... todavía permanece vivo.
Es lo que se agita dentro de las cajas, camino del Centro de
Investigación.
Tap-tap, tap-tap, tap-tap, tap-tap.
Las luces vuelven otra vez. Por última vez, lo puedo sentir.
Ya se acercan. Las cajas se mueven, se mueven con frenesí,
esperando que las liberen en seguida.
Texto: Carlos F. Castrosín
Fotografía: Manuel Rodríguez
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